
Gallardo, altivo, en su pecho no cabe duda ni cobardía, ni en su cabeza atisbo de cordura.
Inmerso siempre en mil y una aventuras, pareciera que el conflicto le persiga.
Sabiendo como sé con las alas con que vuelo.¿Por qué pretender atar el viento?.Sería como perseguir una quimera.Sería embarcarse en un tren infernal que no estaciona .
Pobre corazón mío, pueda que el sufrimiento acabe por matarme pero la renuncia no está en mi camino.
8 comentarios:
La renuncia.
El corazón cuando ama, no está diseñado para aceptar esa palabra.
También sé, que de tantas perseverancias amorosas, han nacido escritos preciosos.
Como siempre, tiene su glamur leerte.
Cuando uno sabe lo que es, lo que quiere, hacia dónde va, simplemente no puede renunciar.
Me gustaría saber qué te ha inspirado para este texto... puede que te lo pregunte pronto.
Un beso grande.
Quien puede atar el viento???
Mejor que no se pueda...
Es un texto muy intenso, Marisa, me hago la pregunta de Leola...
Un abrazo bien grande, y hoy a esta hora pienso en vosotros...
Café M...
Pero yo aquí en una pausa en el trabajo.
Gracias,Sir Bran,´se dice que el corazón es ciego,por algo será.
Leolá,como sabes, para encontrar la
inspiración no hace falta mucho, solo mirar alrededor y sentir.
Merce gracias. Se te echó en falta,
pero el deber es el deber.Para la próxima.
Moitos biquiños para todos.
Marisa, tengo algo para ti en mi blog...te espero.
Un beso.
pobre corazón!
me ecanta el texto
un beso!
No es posible atar el viento, Marisa.
No renuncies jamás a pesar del posible sufrimiento...
Tú eres más fuerte que todo eso!
Un enorme abrazo, amiga!
Fue estupendo volver a encontrarnos!!
Gracias Susi,tus palabras
como siempre me saben a gloria.
Un abrazo grande.
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