sábado, 8 de noviembre de 2008

Xanela

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En el crepúsculo de un día apacible de Agosto, y mecida cual gaviota por las olas, descansa Xanela.

Le encanta ese continuo vaivén, las caricias y los besos con los que el mar le agasaja, formando a su alrededor festones de espuma que toda la lamen.

Unas veces vacía, otras repleta de emociones.

Todo lo aguanta, hasta los más grandes embates que los poderosos envían contra sus costados.

No hay cuidado, está bien anclada.

Ella es paciente, sabe escuchar, aunque a veces muestra su genio, sacudiéndose toda. Cambia a menudo de carácter, según le dé el viento.

Con la mar embravecida, se agita, se encabrita, protesta, pero luego cuando la calma se restablece y los cormoranes vuelan de roca en roca sobre la isla cercana, la invade una paz infinita, se siente feliz.

Le encanta ser ese punto oscuro en medio del reguero centelleante que el sol forma al atardecer. Por momentos quisiera seguir ese sendero y perderse para siempre en el horizonte.

Espera que se haga la noche y que la luna llena asome por detrás de los pinos.

Se levanta una ligera brisa y es entonces, y solo entonces, cuando sueña con la promesa de un mañana azul, en el que su capitán subirá a bordo, le contará cómo le ha ido la vida y cómo juntos surcarán los océanos empujados por el viento hacia mundos lejanos.

Xanela, mi fiel compañera.

2 comentarios:

Lasosita dijo...

Me encanta el blog que has comenzado. Elegante e intimista, pero con esa luz que tú irradias.
Mis felicitaciones más sinceras.

azpeitia dijo...

Que bello comienzo....asi te conozco mejor....los principios siempre son inocentes, transparentes en los que ponemos parte de nuestra alma...así eres y así te leo....un beso de azpeitia