Foto xanela
Después de que los desapacibles
cielos
acordaran una tregua,
hemos disfrutado ayer
de un espejismo,
de un hechizo,
placeres diminutos
abandonando
el callado sueño invernal
para crecer a la luz de lo inmenso.
El frescor de la tierra
colándose
entre las piedras
se hacía flor.
La sangre
recobraba su color
en la memoria del gorrión. Su
loco frenesí convertido
en canto
emocionaba a esta loca
de la vida.
Lo bueno dura poco…
¿Pero qué es lo bueno?
Este rítmico tartamudeo
de viento y lluvia
sobre los cristales,
hacen bailar mis manos
sobre el ordenador
con cierta alegría.