El universo ante mis ojos
se hace agua.
Ayer monstruo que rugía,
hoy espejo que medita.
Ayer a todos desafía,
hoy con la gaviota dormita.
Dejarse llevar fluyendo
de esta belleza infinita.
Bendito mar
que mi alma resucita.
.
.
.

Días de brillos y escaparates
que disfrazan las sombras
de lo humano.
.
Almas que transitan
con coraza de hierro
haciendo hipocresía
lo divino.
.
Vulnerable el ser
cazado en redes
de lo material
y mundano.
.
Liberarse del peso
de cadenas invisibles
que oprimen con deseos
vanos.
.
Desnudarse de ropajes
pegados al cuerpo que
como rémoras impiden
ser esencia.
.
Espíritu puro que
se ofrece libre
haciendo de la luz
del infinito
lo posible.
.
.
.
Bambolea el mar
agitado
al solitario velero,
sobre crestas blancas
montado
eleva su mástil al cielo.
¿Cómo osa desafiar
a Neptuno?
-Es que no se ve
pequeño.
.
.
.


Qué dulce place la tarde,
con qué discurrir soñado
aires de invierno preñado
leña de agosto que arde.
El frío que se retarde
no haga al corazón helado
porque lo quiero templado
y del ocaso me guarde.
No se mostrará cobarde
ante un mundo desalmado
se calma y late rimado,
qué dulce place la tarde.
.
.
.

Te alzas en tu trono
reina del desierto,
con la prestancia
y fortaleza que te
viene de la roca.
Perfumados pétalos de alba
albergan corazón vigoroso
coronado con suspiros de sol.
Sus rayos, aliados al rocío
de la noche, no te han podido
crear más hermosa.
Pensaré en tí
y palpitará mi aliento,
si en el tiempo
la soledad
me desfallece.
.
.