
nada de lo que ellas desprenden te cala,
ni la cálida placidez que le da el discurrir de los años,
ni el abrazo de sus gentes en la callada cercanía percibes.
Un sinvivir revestido de obligada frialdad te posee.
Te sumerges en ese mundo que creaste, solo tuyo,
del que tibiamente te atreves a salir.
Clamas por soles que en realidad no quieres.
Quisiera acoger esa aparente y terca fragilidad, llenarla
con cálidos rayos y alegrarla con infinidad de colores,
Ojalá que en afortunada búsqueda,
halles lo que tu denodada lucha ansía.
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